El Desierto de lo Real: Escasez, Simulacro y el Retorno de lo Humano en la Era de la Inteligencia Artificial
I. El Mapa Que Precede al Territorio
En 1981, Jean Baudrillard publicó Simulacra and Simulation con una advertencia que, cuatro décadas después, se lee menos como teoría y más como profecía cumplida: la humanidad habitaría un estado donde la distinción entre realidad y representación se volvería indiscernible. Lo llamó hiperrealidad.
Baudrillard describió esta condición como un estado donde la simulación se siente más real que lo real. El cuerpo natural parece inadecuado comparado con su contraparte esculpida; una foto sin editar se siente cruda, incluso poco atractiva, junto a una imagen filtrada1. El simulacro ha superado lo real, no engañándonos, sino seduciéndonos. Preferimos la ilusión perfeccionada.
En enero de 2026, esta descripción no es metáfora. Es diagnóstico.
Los generadores de arte por IA no simplemente reproducen obras o estilos existentes; crean autónomamente nuevas obras sintetizando vastos conjuntos de datos de expresión artística humana. Esto resulta en obras que son simultáneamente originales y derivativas, auténticas y artificiales2. Hemos cruzado un umbral ontológico que Baudrillard anticipó pero no alcanzó a presenciar: la quinta fase del simulacro, donde la distinción entre original y copia se vuelve no solo borrosa, sino fundamentalmente irrelevante.
La IA intensifica el bucle que Baudrillard previó: los signos producen signos. Los modelos se entrenan no sobre la realidad sino sobre corpus de textos e imágenes — signos sobre signos. Sus outputs luego reingresan a la circulación, moldeando el discurso y los modelos futuros. La IA no es una distorsión de la realidad sino un generador de hiperrealidad3.
II. La Inversión del Fetiche: De Marx a la Economía del Algoritmo
Karl Marx, en el primer capítulo de Das Kapital, introdujo el concepto de fetichismo de la mercancía: el proceso por el cual las relaciones sociales entre personas se expresan como relaciones de valor entre cosas. La mercancía adquiere una cualidad cuasi-mágica, pareciendo poseer valor intrínseco divorciado de las relaciones sociales que la produjeron4.
Pero Marx distinguía entre valor de uso y valor de cambio. El valor de uso — la utilidad de una cosa — no tiene existencia aparte de la mercancía misma5. Es la materialidad, la tangibilidad, lo que ancla el valor. El valor de cambio, en contraste, es la abstracción social que permite el intercambio.
La inteligencia artificial invierte esta dialéctica de manera que Marx no podría haber anticipado.
Cuando el costo de crear contenido colapsa a cero — un modelo de IA que en 2024 costaba millones de dólares se replicó en 2025 por $30 de cómputo6 — el valor de cambio de la información se desploma. Pero aquí emerge la paradoja: no es el valor de uso lo que sobrevive. Es algo más primordial.
Jean Baudrillard, en Pour une critique de l'économie politique du signe (1972), desarrolló la teoría semiótica del "valor signo" como extensión del fetichismo de la mercancía de Marx7. En el siglo XXI, cuando la información y el conocimiento se cosifican en propiedad intelectual, el signo mismo se convierte en mercancía. Pero cuando la producción de signos se automatiza, ¿qué queda por fetichizar?
La respuesta: la autenticidad del origen. No el signo, sino quien lo emite.
III. La Vita Activa y el Colapso de las Jerarquías
Hannah Arendt, en The Human Condition (1958), distinguió tres modalidades de la vida activa: labor, trabajo y acción.
El labor es lo que hacemos para sobrevivir — comer, mantenernos sanos, reproducir la vida. Todos los animales laboran8. El trabajo, en cambio, produce objetos durables que dejan huella en el mundo: una mesa, un libro, una institución. A diferencia del labor, cuyos productos se consumen y olvidan, el trabajo crea el mundo humano compartido9. La acción, finalmente, es la más alta expresión de la vita activa: el inicio de algo nuevo, el anuncio de quiénes somos en la esfera pública.
Ya en los años 50, Arendt advertía que el capitalismo de consumo transformaría el trabajo en mero labor. Si todos producimos solo para consumir, no dejamos nada en el mundo, y perdemos ese sentido compartido del mundo10.
La automatización, para Arendt, representaba una amenaza específica: si nos liberara del labor, ¿qué haríamos con esa libertad? En una sociedad de laborantes, la respuesta sería consumo — más consumo. La desaparición del trabajo y la acción lleva a un enfoque excesivo en el labor, pero también al consumo excesivo11.
La IA agéntica de 2026 cumple esta profecía de manera inesperada. Gartner predice que el 40% de las aplicaciones empresariales incorporarán agentes de IA para fines de 2026, subiendo desde menos del 5% en 202512. El labor cognitivo — análisis, síntesis, producción de texto, código, imagen — se automatiza a velocidad exponencial. Los economistas de Wharton estiman que el 42% de los trabajos actuales están potencialmente expuestos a la automatización por IA generativa13.
Pero la pregunta que Arendt nos obliga a hacer no es "¿qué trabajos desaparecerán?" sino "¿qué queda cuando el labor desaparece?"
La respuesta, si seguimos su arquitectura conceptual, es clara: queda el trabajo (la creación de objetos durables en el mundo) y queda la acción (el inicio de algo nuevo entre personas). Ambos requieren lo que la IA, por definición, no puede poseer: presencia en el mundo y relación con otros.
IV. El Retorno de lo Escaso
La economía clásica, desde Smith hasta los marginalistas neoclásicos, descansa sobre una metáfora termodinámica de recursos finitos y agotables. La Segunda Ley de la Termodinámica — la entropía — ha servido como asunción ontológica tácita: la actividad económica consume recursos limitados, produciendo escasez14.
Pero las economías digitales y conducidas por IA subvierten esta asunción. La información, a diferencia de los recursos materiales, puede replicarse infinitamente a costo marginal cercano a cero15. A medida que la información se convierte en el vector principal de valor — codificada en modelos de IA, sistemas autónomos y registros descentralizados — la metáfora termodinámica cede ante un paradigma de abundancia informacional.
Este cambio ontológico obliga a la teoría económica a revisar sus asunciones sobre valor, labor y escasez.
Entonces, ¿qué se vuelve escaso cuando la inteligencia es abundante?
Primero: la confianza.
A medida que la IA hace que la creación de contenido sea gratuita, la confianza se convierte en el recurso escaso. El contenido humano verificado comanda una prima de engagement del 340%16. El World Economic Forum advierte que en la economía de agentes de IA, la confianza definirá los resultados. La pregunta real es: ¿qué tipo de confianza importará más — y cómo la construimos?17
Worldcoin, con 12 millones de humanos verificados biométricamente, representa un intento de resolver este problema: probar que eres humano sin comprometer datos personales18. La verificación de humanidad se convierte en infraestructura, como los certificados SSL lo fueron para el comercio electrónico.
Segundo: la presencia.
Se ha vuelto casi un cliché señalar que a medida que la IA maneja cada vez más tareas rutinarias y creación de contenido, la interacción genuina de persona a persona probablemente ganará valor premium. El médico que ahora tiene más tiempo para conectar personalmente con pacientes. El maestro que puede entender y atender las necesidades únicas de cada estudiante. El artista cuyo trabajo refleja experiencia humana vivida. Estos elementos de "toque humano" pueden volverse cada vez más escasos y valorados precisamente porque no pueden ser generados algorítmicamente19.
Tercero: el juicio.
McKinsey estima que los agentes de IA y robots podrían generar casi $3 billones en valor anual para la economía estadounidense hacia 2030. Pero realizar este potencial demanda elecciones audaces de liderazgo20. La IA puede generar opciones infinitas; elegir entre ellas — con responsabilidad por las consecuencias — permanece como prerrogativa humana.
V. La Paradoja del Simulacro Consciente
Aquí emerge la paradoja central de nuestra era.
En términos de Baudrillard, las imágenes generadas por IA habitan completamente la cuarta fase del simulacro: son puro simulacro — signos sin referentes, creaciones ex nihilo que circulan como si fueran reales21. Un retrato sintético de un individuo inexistente no es una reproducción, ni una máscara, ni siquiera una cubierta falsa para la ausencia. Es una creación sin referente, circulando como si fuera real.
Pero algo extraño está ocurriendo: precisamente porque el simulacro se ha democratizado — todos pueden producir su propio simulacro instantáneamente22 — emerge una nostalgia activa por lo que Baudrillard llamaba "lo real profundo" (réalité profonde).
En redes sociales, creadores de contenido humanos son ahora acusados de ser "NPCs" (personajes no jugadores). ¿Por qué? Identificamos gestos demasiado fluidos, iluminación demasiado perfecta, puesta en escena demasiado controlada23. La realidad se vuelve sospechosa tan pronto como muestra signos de perfección percibida como artificial.
Esta inversión quizás marca un cambio antropológico. Vivimos, como Baudrillard lo expresó, en "el desierto de lo real," rodeados no por experiencias genuinas sino por reproducciones infinitas que se refieren solo a sí mismas24. Pero en ese desierto, precisamente, lo que tiene agua se vuelve invaluable.
VI. Hacia una Economía de la Autenticidad
Si seguimos la lógica hasta su conclusión, la economía que emerge de la abundancia de simulacros es una economía de la autenticidad verificable.
Esto no es un retorno nostálgico a un pasado pre-digital. Es algo nuevo: una economía donde el valor no reside en la información (abundante), ni en la producción (automatizada), ni siquiera en la creatividad (replicable), sino en la demostración verificable de origen humano, presencia física, responsabilidad personal y relación de confianza.
Los analistas proyectan que el mercado de agentes de IA alcanzará $236 mil millones para 2034, pero solo si aseguramos que sean "del tipo bueno"25. La identidad del agente es solo tan confiable como la identidad humana u organizacional subyacente que representa — sin KYC de alta certeza, incluso el framework KYA más robusto colapsa26.
En otras palabras: la verificación de humanidad se convierte en prerequisito para la participación económica.
VII. La Pregunta Final
Hannah Arendt cerró The Human Condition con una reflexión sobre la relación entre exploración científica y filosofía, preguntándose qué podría deparar un mundo donde las posibilidades de avance tecnológico son ilimitadas27.
Setenta años después, podemos reformular su pregunta: En un mundo donde la inteligencia artificial puede hacer casi todo lo que hacemos, ¿qué queda que solo nosotros podemos hacer?
La respuesta, siguiendo las líneas que hemos trazado, no es técnica sino ontológica.
La IA puede escribir código mejor que tú. Pero la IA no puede ser tú.
No puede estar presente en un lugar. No puede asumir responsabilidad. No puede tener historia. No puede relacionarse genuinamente con otros. No puede iniciar algo verdaderamente nuevo en el mundo — lo que Arendt llamaba natalidad, la capacidad específicamente humana de traer al mundo lo inesperado28.
En la era de la abundancia de simulacros, el valor migra hacia lo que no puede simularse: la singularidad irreductible de cada existencia humana.
VIII. Epílogo: El Mapa y el Territorio, Revisitados
En 1971, Jorge Luis Borges publicó un cuento de un párrafo, "Del rigor en la ciencia." Un imperio crea un mapa tan detallado que termina cubriendo exactamente el territorio29.
Baudrillard invirtió la fábula: ya no es el mapa el que representa el territorio, sino el territorio el que se conforma activamente al mapa. Las ciudades se rediseñan para ser "Instagrameables." Los cuerpos se ajustan quirúrgicamente a filtros digitales. Lo figurativo precede a lo vivido y termina moldéandolo30.
La inteligencia artificial completa este movimiento. El simulacro ya no necesita del original para existir. Genera sus propios originales.
Pero en este gesto de completitud, paradójicamente, algo se revela: que el valor del original nunca residió en su contenido (replicable), sino en su origen (singular).
El futuro que emerge no es el "desierto de lo real" como extinción, sino como geografía. En el desierto, lo que tiene agua no es un lujo. Es supervivencia.
Lo humano — verificable, presente, responsable, relacionado — se convierte en el oasis.
Y los oasis, en el desierto, son escasos.
Referencias y Fuentes
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- Rodriguez, O. (2025). "Simulacra in the Age of AI: Baudrillard and the Hyperreality of Generated Signs." Medium. medium.com ↑
- Marx, K. (1867). Das Kapital, Volumen I, Capítulo 1, Sección 4: "The Fetishism of Commodities and the Secret thereof." marxists.org ↑
- Ibid. "The utility of a thing makes it a use value. But this utility is not a thing of air. Being limited by the physical properties of the commodity, it has no existence apart from that commodity." ↑
- The 2026 Guide to SaaS, AI, and Agentic Pricing Models. Monetizely. getmonetizely.com ↑
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- Ibid. Sobre el "efecto NPC" y la sospecha de realidad cuando muestra signos de perfección artificial. ↑
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- Ibid. Sobre KYA (Know Your Agent) y su dependencia de KYC (Know Your Customer). ↑
- Wikipedia. "The Human Condition (Arendt book)." wikipedia.org ↑
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- e-Episteme (2025). Op. cit. "El vértigo ya no viene de notar que la imagen precede al territorio: viene de darse cuenta de que transformamos activamente el territorio para que se parezca a la imagen." ↑